Guíame, Espíritu Santo – Reseña de libro

Estamos aún en los primeros días del 2018 y me hacía mucha ilusión escribir un post al respecto. Sin embargo, acabo de terminar uno de los libros que me propuse leer en el 2017 se llama “Guíame, Espíritu Santo” de Stormie Omartian. Me alegra haberlo podido terminar, porque aquí entre nosotros hacía tiempo que no leía un libro completo. Además de eso, quiero compartir este post porque la verdad fue una obra de mucha bendición para mi vida.

Este es uno de esos libros que te recuerdan la importancia de cada día buscar un acercamiento más íntimo con Dios. Más en estos tiempos de tanta incertidumbre, indiferencia y vanidad, donde la mayoría siente un vacío que parece no llenarse con nada, pero la buena noticia es: Dios puede hacerlo. De hecho, solo Él puede llenarlo, y que mejor manera de acercarte a Él que a través de una relación personal con su Espíritu Santo.

Aplicando cada uno de los aspectos aprendidos mientras iba avanzando con la lectura, he podido comprobar que Él es real, no es que antes no creía, pero no es igual escuchar de… que experimentarlo tú mismo. Ahora puedo decir que él es mi amigo, mi consejero, mi consuelo, y más, siempre responde a mis oraciones. Pero no tienes que creerme a mí, te reto a que lo compruebes tú mismo.

Ahora presento algunos de los puntos más importantes de lo que pude aprender acerca del Espíritu Santo:

Sé consiente de su presencia

Es lamentable, pero las personas han olvidado que Dios envía a su Espíritu Santo para que nos guíe en todas las cosas, es un regalo del cual necesitamos ser conscientes “Mas aquel Consolador, el Espíritu Santo, al cual el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho” (Juan 14:26).

Yo en lo personal, creo que el mundo está de cabeza y los creyentes (sea cual sea tu denominación religiosa) están cada vez más dormidos, precisamente porque se ha dejado de escuchar al Espíritu de Dios. Habla con Él, es real, pero no te forzará a nada, que te nazca de corazón anhelar conocerle y pasar tiempo con él.

Necesitas de su guía

Estoy segura de que te haces la misma pregunta, ¿Por qué hay personas que tienen años de ir a una congregación religiosa y parecen nunca cambiar?, personas chismosas, egoístas, vanidosas… etc., incluso puede que tú mismo nunca termines de luchar contra la misma debilidad de cuando empezaste a ser una persona religiosa.

Es verdad que mientras estemos en este cuerpo tendremos tentación, sin embargo, cuando buscas la guía del Espíritu Santo en tu vida, es inevitable que exista una transformación, a medida que sigues su dirección él va cambiando tu carácter, es que no hay excusa, al menos en algo tiene que verse un cambio en ti.

Conoce su plenitud en el amor

Para que una relación cualquiera avance, necesitas dedicar tiempo, pero además de eso debes hacerlo con amor. Cuanto más pasas en intimidad compartiendo con el Espíritu Santo de Dios más conoces la plenitud de su amor hacia ti en la infinidad de maneras que te lo demuestra, y así tú también aprendes de él.

Se empieza por casa

No puedes pretender cambiar al mundo entero tú mismo cuando ni siquiera puedes con tus errores. Saca la tuca de tu ojo, y después la paja del ojo de tu prójimo. Si realmente quieres ser luz para el mundo empieza por ti mismo, cuando pides a Dios que te transforme y sigues la dirección del Espíritu, indudablemente los demás verán algo diferente en ti y querrán experimentar eso mismo que te hace tan feliz, tan respetuoso y amoroso. No es con palabrería, sino con tu ejemplo.

Ten una relación personal

Una vez que eres consciente de su presencia y empiezas a ser guiado por el Espíritu Santo, sigue constante en esta nueva relación. No se trata de que solo de vez en cuando hables con él, te apuesto a que no dejarías de hablar con tu pareja y luego llegar como si nada cuando ni siquiera enviaste un mensaje de texto en una semana, evidentemente una relación así acabaría por enfriarse. Yo te recomiendo que empieces por hacerte el hábito de compartir con él todos los días, y con el tiempo más que un hábito será una necesidad para ti.

Te inspira a no ser egoísta

Si bien es cierto vengo hablando de una relación personal (tú y el Espíritu Santo) cada vez que hables con él procura que no se trate todo de ti. Él te guía a pedir por otras personas, y no solo orar por ellas, sino ayudarlas mientras esté en tus manos. El amor de Dios es un amor que te inspira a dar, a desprenderse, no es un amor egoísta, escucha cuando él te inquieta sobre ciertas personas, tal vez tú puedes ser el medio que utilice para que actúe en la vida de ellas.

Anhela tu ministerio

Si eres creyente necesitas tener siempre en cuenta que nuestra meta es la eternidad, y esta vida es pasajera, sin embargo, mientras estemos aquí es normal que deseemos saber cuál es nuestro propósito en la vida. Queremos sentirnos útiles y servir a Dios, servir al prójimo. Anhela tu ministerio, y pídele de una manera muy especial que te revele qué hacer, y que haga su voluntad en tu vida. Mientras el Espíritu Santo sea tu guía vas en dirección correcta.

Sin duda un hermoso libro que me ha sido de mucha edificación, te lo recomiendo y si es que lo lees, espero que también sea de bendición para ti.

Anuncios

Conoce 4 maneras de ayudar a otros y 4 beneficios que eso te traerá

Creo fielmente que cuando das, entonces Dios te bendice a ti. Recuerdo de mi niñez que cuando iba creciendo y dejaba de quedarme la ropa, como no tenía hermanas, mi mamá siempre buscaba otras niñas a quienes regalarla, por supuesto la que estuviera en buen estado, y francamente no recuerdo ocasión en la que después de donarla, no llegara alguien con una bolsa de ropa para mí, como si fuera un intercambio divino, aunque suene un poco extraño y eso nunca lo olvido.

Esto me hace pensar en uno de los preceptos más importantes que existen en el judaísmo, es la tzedaká, que generalmente se traduce como caridad, pero más que eso se refiere al hecho de practicar la justicia ¿Cómo es esto? Ayudando a los más necesitados, eso es parte de la justicia que nos manda Dios a hacer.

Dar tzedaká es un acto que debemos realizar, no solamente porque es un mandamiento divino, sino porque somos un todo en este mundo y por más autosuficiente que alguien pueda sentirse, en algún momento necesitará de otra persona, no solo materialmente, sino en el sentido emocional: afecto, comprensión, cariño… ya sabes, ese tipo de cosas.

A la verdad amo la idea, y por eso me encanta una parte de mi Sidur (Libro de rezos) en donde dice textualmente:

“Éstas son las cosas que una persona hace y come de sus frutos en este mundo y su usufructo permanece para ésta en el mundo por venir. Y éstas son: respeto de padre y madre, y actos de amor, y la hospitalidad con los huéspedes, y visitar a los enfermos y levantarse para la sinagoga, y traer la paz entre una persona y su prójimo y entre un hombre y su mujer. Y el estudio de la Torá es equivalente a todas éstas” (Talmud Bavlí Shabbat 127ª)

Estos actos de justicia son precisamente comparados con el estudio de la Torá, que si bien una cosa no exime de la otra (quiero aclarar) es hermoso que ambas acciones se eleven al mismo nivel espiritual.

Cuatro maneras distintas de dar tzedaká

Haz donaciones monetarias o materiales: dice una frase que “Nadie es tan pobre que no pueda dar, ni tan rico que no pueda recibir”, si eres bendecido materialmente tú puedes compartir con los menos afortunados, recuerda que Dios quiere dar a todos, pero muchas veces tú eres el medio que Él utiliza para bendecir a otras personas, y viceversa, por eso es importante que aprendas a como invertir mejor tus recursos.

Ponte manos a la obra: Si hay una necesidad material y talvez tú no tienes los medios para ayudar, puedes hablar con otras personas que sí puedan hacerlo, en este punto entra si quieres abarcar más, el organizar campañas para toda clase de ayuda social.

Regala amor a los demás: algunas veces la gente no tiene necesidad física, pero sí emocional o espiritual, demuestra empatía por los problemas de los demás para poder ayudarlos, sé comprensivo y afectuoso, que a veces con eso basta para levantar el ánimo de una persona.

Enseña a otros lo que sabes: muchas veces haces más enseñando a una persona a subsistir, compartiendo con ella lo que tú bien sabes hacer, así no se verá en la necesidad de pedir limosna, sino que aprenderá a salir adelante por su propio esfuerzo y se realizará como ser humano.

Cuatro beneficios de dar tzedaká

La bendición de cumplir un mandamiento: Primero que nada debemos tener en cuenta que hacer justicia es un mandamiento bíblico, y por lo tanto, si eres una persona que se considera a sí misma religiosa, estás en la obligación de dar tzedaká.

Di adiós al egocentrismo: Al preocuparnos por los demás dejamos de lado el egocentrismo y poco a poco el compartir se convierte en algo normal y necesario en nuestra vida, y así podremos ser un reflejo de nuestro Padre en el cielo.

Cuando das, Dios te bendice a ti: Como dije al principio, cuando das, Dios te bendice a ti, solo asegúrate de no esperar siempre algo a cambio, porque eso haría perder totalmente el sentido de hacerlo.

Desprendimiento de lo material: Se te hará más sencillo desprenderte de lo material, esto te ayudará sin duda alguna a no aferrarte a las cosas lo cual te permitirá tener una vida más enfocada a lo espiritual.

¿Tienes alguna otra idea de cómo ayudar a los demás? ¿En qué maneras Dios te ha bendecido cuando ayudas a otros? Compártelo en los comentarios.

 

 

 

 

 

Enfócate en lo ETERNO.

Todas las personas pasamos por momentos de mucha reflexión, en los que nos hacemos esas típicas preguntas existenciales sobre la vida, la muerte o lo que sigue después de ella, o sobre la fascinante eternidad, incluso muchos se acercaron en los tiempos de Yeshua a él, intentando obtener el secreto para alcanzar la vida eterna.

Sin embargo, se ve un panorama un poco distinto en la actualidad, la gente se preocupa cada vez más por lo material, y resume su realidad en todo aquello que puede ver con sus ojos o palpar con sus manos, sin detenerse tan siquiera a pensar que todo esto que vemos es vanidad, y es pasajero.

La vida, esta vida en la que estamos ahora está llena de afanes que a veces logran arrastrarte hacia la superficialidad, y eso hace que te olvides de lo eterno; esto se suma a que es un concepto que puede ser tan abstracto y desconocido; sin embargo, Yeshua lo explicaba de una manera clara cuando le preguntaban al respecto:

“Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: -Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?- Él le dijo: -¿Qué está escrito en la ley?  ¿Cómo lees?- Aquél, respondiendo, dijo:  -Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo-. Y le dijo:  -Bien has respondido; haz esto, y vivirás-.” (Lucas 10:25-28).

“Entonces vino uno y le dijo:  -Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?- Él le dijo: -¿Por qué me llamas bueno?  Ninguno hay bueno sino uno:  Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos-” (Mateo 19:16-17)

Estos pasajes bíblicos nos enseñan que para alcanzar la vida eterna debes guardar los mandamientos de Dios, y que esto es posible amándolo a Él por sobre todas las cosas, estando dispuesto a dejar todo por seguirlo; posesiones materiales e incluso relaciones; absolutamente nada ni nadie debe ser más importante que tu Dios.

Cuatro consejos para mantenerte enfocado en la eternidad

 

Sé consiente de la eternidad

Necesitas estar consiente todo el tiempo de que tu vida no es esta, que es pasajera y en un cerrar de ojos puede acabar, porque lo único que tenemos seguro es la muerte. Mantén la esperanza de que llegarás a la vida eterna de la que tanto has escuchado, por lo tanto no te afanes tanto por las cosas, vive simplemente, que el trabajo, la salud, y todo lo demás Dios lo proveerá en la medida en que Él sabe que te conviene.

Anhela la Eternidad

Debes anhelar esa vida. Todo lo que te rodea, cosas y circunstancias, pueden hacerte perder el foco, incluso la religión misma te puede desviar de la meta en la carrera de la fe. Puedes ser la persona más religiosa del mundo, puedes hacer las más grandes obras de caridad, y cumplir con cada mandamiento, pero no pierdas de vista, que todo lo que hagas aquí te será recompensado en el mundo venidero, y el mayor premio que alcanzarás será una vida eterna al lado del Padre.

Perfeccionate en el amor

Perfeccionate en el amor, el amor al prójimo, el amor al Creador, Amar te hace ver más allá de los que tus ojos naturales te permiten, amar te hace creer en los demás, amar te transforma de manera que cada vez busques ser una mejor persona, más parecida a Yeshua, por eso es sumamente importante que estudies, aprendas y practiques sus enseñanzas.

Busca la espiritualidad

Busca la espiritualidad. No se trata de apariencias, sino de que en lo secreto tengas una relación íntima con Dios, que cada vez pueda ser más estrecha. Sé que a veces cuesta mucho trabajo ser constante, pero en la medida en que pases más tiempo con Él, verás la vida desde una perspectiva diferente y de manera instintiva buscarás todo aquello que edifique tu espíritu, sembrando ahora para cosechar en la eternidad.

Estos consejos no son el camino absoluto, ni  mucho menos para alcanzar la vida eterna, pero sí te inspirarán a esa búsqueda de renovación constante, necesitas conocerte a ti mismo, hacer autoanálisis constantes para saber en qué aspectos de tu vida necesitas trabajar.

Cuéntame, ¿Te has puesto a meditar acerca de la vida eterna?, ¡Es un tema fascinante e intrigante, cierto!, ¿Qué piensas tú acerca de la eternidad?

Photo by Unsplash

El secreto de Shavuot para guardar los mandamientos

Acaba de terminar la celebración de Shavuot, la fiesta de las semanas (puedes aprender sobre esta y las demás fiestas en levítico 23), y he querido compartir un poquito de lo que aprendí en este año acerca de la festividad.

En este día se conmemora la entrega de la Toráh (los primeros cinco libros que aparecen en la Biblia) en el monte Sinaí, después de que el pueblo de Israel fue liberado de la esclavitud de Egipto, un acontecimiento de suma importancia para todo judío, pues en la Toráh está la esencia de su forma de vivir.

En ese momento fue confirmado el pacto que Dios hizo con su pueblo, por medio de los mandamientos, los cuales estuvieron dispuestos a cumplir, igual que tú y yo cuando abrazamos esa alianza y pasamos a formar parte del pueblo de Israel, pueblo de Dios.

Es como cuando un extranjero se nacionaliza en el país en donde vive, aprende de sus costumbres y leyes, y acepta respetarlas, siente una pertenencia especial por la patria a la cual se está adhiriendo por voluntad propia.

Tomar una decisión como esta, requiere madurez, responsabilidad, y sobre todo amor. Es excelente cuando logras comprender el porqué de un mandamiento, y aún más especial cuando entendiéndolo o no, lo cumples con amor, tal como dijo Yeshua a sus discípulos:

 “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió” (Juan 14:22-26).

Y esta palabra a la que él se refiere, es aquella que dio el Eterno a su pueblo desde el principio, la base de su fe. Fue además en esta ocasión que el maestro dio la promesa de enviar al Espíritu Santo:

“Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” (Juan 14:22-26).

Y es a este punto a donde quiero llegar, es precisamente en la celebración de Shavuot (indicado en la Biblia como Pentecostés) cuando estando los discípulos de Yeshua reunidos, Dios derramó de su Espíritu sobre ellos, y entonces recibieron entendimiento y poder para hacer todas las maravillas que vinieron después.

Es cuando recibimos este poder y entendimiento que se cumple el nuevo pacto que hizo Dios con la casa de Israel el cual es que pondría sus mandamientos en nuestra mente y corazón, es por medio de la guía del Espíritu Santo que esos mandamientos están siempre presentes para poder cumplirlos.

En esta festividad celebramos que tenemos Toráh, no solo escrita en piedra o papel, sino escrita en nuestro corazón, en el corazón de todo aquel que ama a Dios, y desea obedecerlo y honrarlo con su forma de vivir.

¿Y tú, pides constantemente la guía del Espíritu Santo para poder guardar los mandamientos que Dios te dio?

Marcando la diferencia

Quien no ha escuchado la frase  “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”, la cual evoca a aquella ocasión en donde fueron los religiosos de la época de Yeshuah, llevando consigo a una mujer que había sido encontrada en adulterio, claro está que la intención de ellos no era otra más que probarlo a él.

No cabe duda de que su respuesta fue muy sabia, y más que eso podemos aprender una gran lección. Yeshuah realmente era una persona fuera de lo común, constantemente era criticado por juntarse con personas que eran rechazadas por la sociedad, pero en esta ocasión es muy claro que todos ellos tenían sus errores, puesto que ninguno se atrevió a tirar una sola piedra.

Yeshuah era diferente, no tenía miedo de tocar leprosos o mujeres ritualmente impuras, poco le importaba que lo vieran hablando con samaritanos, él demostró que venía por todos, no solo por aquellos que alardeaban de tener una vida intachable cuando en realidad en su corazón estaban llenos de egocentrismo.

A veces podemos llegar a ser prejuiciosos con aquellos que son diferentes, y algo que aprendí esta semana es que puedes estar bien con alguien, aun si  no estás de acuerdo con su ideología de vida.

Aún entre personas que comparten la misma fe existen diferentes opiniones, pero para que vamos a perder el tiempo discutiendo ideas vacías, en lugar de ir y demostrar un poco de compasión a aquel que sufre por el rechazo de la sociedad.

Es más sencillo mostrar estima a aquellos que piensan parecido, pero amar abiertamente a los que son excluidos es como nadar contra la corriente, y eso señores eso lo que el Maestro quería enseñarnos, a no ser como el montón, y ver a los otros con compasión y amarlo de verdad, y amar es aceptar al otro con todo, sin hipocresía, con sinceridad.

Los dejo con esta frase que expresa muy claramente lo que el maestro quería que aprendiéramos: “No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados”. (Lucas 6:37)

Todos tenemos cicatrices memorables

Hace unos días mientras tomaba un baño, me quedé apreciando las cicatrices que tengo en el abdomen, son pequeñas pero no dejan de notarse, me quedaron por una operación que tuve hace aproximadamente ocho meses.

Recordé cuando estuve internada, juro que fue la semana más larga de mi vida, estaba deseando tanto regresar a casa, y peor aún la incertidumbre me estaba matando. En una camilla sin nada que hacer y como estuve un buen rato vi llegar e irse varias mujeres, y solo yo y mi compañera María, una anciana adorable, permanecíamos ahí.

Me causaba un poco de gracia ver la preocupación que tenían algunas, la mayoría mujeres maduras, por las cicatrices que quedarían en su cuerpo después de ser intervenidas, se recomendaban unas a las otras los mejores productos que a su parecer les dejaría la piel como si nada, porque sino, como podrían volver a usar bikini ¡Inconcebible!

Yo mientras tanto me tragaba el miedo que tenía, mentalizándome en que todo saldría bien, después de todo tenía a mis seres queridos conmigo, una familia que me esperaba con ansias, y que estoy segura que cada vez que me visitaban deseaban tomar mi lugar, y por supuesto mi compañero fiel que no hubo día que no llegara, me cuidara y deseara quedarse allí conmigo.

Fue en esos momentos de adversidad donde vi el poder de Dios realmente actuando en mi vida, desde el primer día, la atención fue la mejor, las personas amables, y por si fuera poco los milagros de Dios, porque si soy sincera puede que aún estuviera esperando por esa operación.

Mientras a muchas de esas mujeres les habían programado su cirugía con varios meses de anticipación, ahí estaba yo, sorprendida por un enfermero que de pronto me llevaba a sala de operaciones porque otra señora no llegó, ¿Coincidencia? No existen para mi.

El hecho es que estas cicatrices, me recuerdan esos días de confianza en Dios aún en medio del temor, así que además de que creo que nunca usaré bikini, esas cicatrices son memorables, al igual que las cicatrices que llevamos todos en el corazón, por nada del mundo las quitaría de mi.

Si te inspiró mi experiencia, compártelo.

A imagen del Alfarero

Hace unos días recordé una canción  que solía gustarme  mucho, “El Alfarero” se llama. Mientras la cantaba bajito tratando de recordar la letra, no podía dejar de pensar en  la creación, y me refiero a nosotros mismos.

Podría incluso sonar un poco “narcisista” supongo, pero tú eres extraordinario y si no me crees mírate al espejo, eres la obra más preciada de Di-s quien sin duda alguna es todo un artista.

Así como un alfarero moldea sus vasijas, las pule, las cuida, o las restaura de ser necesario, Di-s nos formó del barro a imagen suya tal como lo exclama el profeta Isaías: Ahora pues, Señor, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros” (Isaías 64:8)

Somos como vasijas que Él formó con amor y dedicación. Él nos cuida de caer y cuando nos hacemos daño no levanta en sus manos cálidas,  nos quebranta y restaura nuestras vidas, sin importar lo que hallamos sido porque su amor no tiene medida.

Cuando pases por la prueba no pienses que su furor se ha encendido contra ti, pues aunque merecemos toda clase de castigo, Yeshua fue quien pagó la deuda de nuestro pecar en el madero, aún siendo justo solo por amor a nosotros.

Piensa que cuando Di-s permite que pases por el fuego Él te está puliendo, para que vuelvas a ser la hermosa vasija producto de su amor. No luches más y deja que Di-s te transforme, y como dice la canción:

“Quiero una sonrisa cuando todo va mal
quiero una alabanza en lugar de tu quejar,
quiero tu confianza en la tempestad
y quiero que aprendas también a perdonar”

Sonríe, no hay por qué andar cabizbajo como una persona derrotada, si en Yeshua eres más que vencedor, el enemigo ya no tiene ningún poder sobre ti, y si sabes que todo estará bien, no dejes que la alegría se aparte de ti.

Canta, baila, alaba, deja a un lado la queja. Si está soleado ¡Que calor! y si llueve ¡Que frío!, ¡Basta! Di-s hace de todo para que puedas ser feliz, deja de buscar el lado negativo y recuerda que tus palabras tienen mucho poder, mantén un “Gracias Señor” “Baruj Hashem” siempre en tu boca.

Ya no te preocupes más de lo que está fuera de tu control, aun cuando el camino se torne gris y parece como que caes en un hoyo profundo, piensa que al final del abismo siempre estarán las manos de tu Padre que cuidará de ti y tiene todo bajo control.

No te amargues, no te permitas albergar en tu corazón sentimientos de rencor, perdona de una vez por todas a aquel que te ofendió, Di-s quiere transformarte, Él tiene propósitos muy buenos para ti, déjate moldear a su imagen y forma parte de la gran vasija que tanto ama.